LA INSOLITA HISTORIA
DE UN AMOR INEXISTENTE
POR ANDRES VANDERHOEGHT
Esta es la triste historia de la que nuestro grupito fue protagonista, o responsable, o culpable….. No sé.
Ni siquiera debería contarla, porque no fue nada lindo, de parte nuestra….
El pobre pecoso quedó destruido. Destruido psicológicamente, que es peor. Y mucho más, ya verán.
Por causa de este triste episodio, es que aquella noche, temprano, él caminaba deprisa por una calle desierta de San Carlos. Deprisa, porque decidido. Y lo había pensado mucho. El ya no tenia fuerzas. Y este último fracaso marcaba como el final para sus ilusiones. Para sus sueños tantas veces frustrados.
No sabía por que tenía que merecer tanta maldad. Seguramente se habría equivocado muchas veces, y otra muchas habría obrado mal, pero nunca hubiera pensado que este último intento de vida terminara así.
No quería vengarse. O sí. No lo sabía bien. Pero lo que sí sabía es que algo tenía que hacer. Que algo iba a hacer para que esto no quedara así. Para que todos supieran…
Hacia tres años que integraba un coro. Sí. Un coro polifónico. Según él, el mejor coro de la ciudad. Estaba muy orgulloso de su participación, y decía, sin humildad, que de todos los tenores, él era el mejor. Un referente en el coro según sus propias palabras. Los demás lo escuchaban divertidos, y le decían que sí, y alimentaban su ego desmedido, exagerando aun más sus expresiones. Él se lo creía todo. Porque entre sus muchos defectos y virtudes, era inocente y crédulo.
Y fueron su inocencia y su credulidad, lo que lo llevaron irremediablemente a ser el lamentable protagonista de tan triste historia.
Durante los tres años que llevaba integrando el coro, había tratado por todos los medios que lo aceptaran. Que lo quisieran. Pero las mujeres del coro lo despreciaban; decían que era zalamero, y que las miraba con expresión libidinosa. Y era cierto.
Los hombres lo menospreciaban, y lo consideraban un integrante importante porque cuando él estaba, había diversión asegurada.
Siempre caía en alguna broma. O era víctima de algún engaño, o inventaban alguna historia incoherente que nadie podía creer.
Pero él sí la creía.
Era necesario en el coro, porque sin él, no hubiera sido lo mismo. Y Wilson estaba de acuerdo. Por eso lo defendía siempre, y no quería que renunciara.
El coro estaba compuesto por unas treinta personas más o menos. Veintidós mujeres y ocho hombres. Y a mi parecer, los coros siempre se caracterizaron por estar compuestos por personas que, además de querer cantar, sufren de algún trauma, o de alguna característica psicológica común, que los hace distintos de los demás.
Wilson y el pecoso se entendían bien. Se necesitaban. La presencia del pecoso motivaba a Wilson. Pero lo motivaba a inventar siempre alguna broma. “Tengo una joda para hacerle al pecoso”, decía siempre……
Tenía una imaginación fantástica, con la que divertía a todos, y el pobre pecoso, siempre víctima de sus diabluras, se resignaba en su triste rol, con tal de ser aceptado por el grupo.
Claro que el pecoso tampoco era trigo limpio. Pero esa es otra historia, aunque todos en el coro la conocían, y en su momento había dado mucho que hablar.
El pecoso tenía 67 años, y se las tiraba de “cantor profesional”. Era solista!!!
Y tenía unas pistas que había conseguido en un estudio de grabación, con las que acompañaba sus canciones de otra época, con voz ya trémula por la edad, y ayudándose con gestos y ademanes que imitaban algún cantor de sus tiempos mozos.
Las canciones eran siempre las mismas, y todo el coro ya las conocía de memoria, pero cuando las cantaba lo festejaban siempre como si fuera la primera vez.
Y lo aplaudían!!.
Y lo ovacionaban!!
Y el pecoso exultaba.
Y era muy feliz!!!
En esos momentos. ¡Cómo amaba al coro!!! Y a todos sus compañeros!!!!
Porque él, en verdad se creía un fenómeno, y aceptaba el reconocimiento como verdadero.
Pocos meses antes, el coro había hecho un viaje precioso.
Había realizado una gira por el norte del país, que había durado cuatro días y tres noches, culminando en una ciudad brasileña donde se realizaba un festival internacional en el cual participaban diez coros de tres países.
Fue un viaje fabuloso. Todos disfrutamos, compartimos, cantamos, confraternizamos.
Wilson desarrolló toda su inventiva.
El pecoso llevó sus pistas y luego de la cena de confraternización y después de hacerse rogar un largo rato, aceptó cantar.
Era su momento mas esperado, y lo había soñado muchas veces en los días previos al viaje.
Todos lo iban a aplaudir.
Alegraría él solo toda la asistencia.
Iba a ser el centro de toda la atención.
Y así fue!!!!
El show salió notable. Mejor que otras veces. Lo aplaudieron!!!, Lo abrazaron!!!!, Y las mujeres de todos los coros le tiraron besos a dos manos!!! Y el pecoso, ignorando la hipocresía, se creyó todo. Incluso hubo una mujer del coro de Concordia, en Argentina, que le regaló una flor.
No lo podía creer, pobre pecoso. Una flor!!!!!! Qué mujer hermosa!!!!! La amaba!!! Y ella seguramente lo amaba a él. Lo sintió en su mirada…
No recordaba haber vivido una noche más feliz, y grabó cada instante en su memoria para poder contarlo después, interminablemente.
Cállate pecoso!!! Me tienes cansado siempre con lo mismo!!!
Inútil era decírselo.
El viaje terminó. Quedaron las fotos, los recuerdos, las anécdotas, las risas, las alegrías de siempre en estos viajes. Momentos de felicidad inolvidables, de verdad.
Pero….Para el pecoso no todo era así. Sí, claro, reconocía que todo había sido lindo, etc. etc. Pero…….Qué pena que no pudo estar, aunque fuera un poco, con aquella hermosa mujer que le había regalado esa flor que guardaba como un tesoro invaluable.
- Cállate pecoso..Era una gorda fea, yo la vi.
Pero el pecoso estaba triste.
- Deja pecoso, esa flor era del centro de mesa, y ella la levantó del suelo.
Nada que hacer…no se conformaba.
- ¿Cómo este estado del pobre y carente pecoso, habrá podido despertar la picaresca inventiva de Wilson?
Que mecanismos se activaron en su mente para que los acontecimientos que siguieron, justificaran la narración de esta historia?
Estimada Margarita: Te escribo para decirte que el encuentro que tuvimos en el festival de coros, me marcó tanto que no puedo apartar mis pensamientos de tu recuerdo. De lo bella que eres. Y de la flor que me obsequiaste esa noche. Si canté tan bien, y todos lo notaron, fue porque canté para ti. Y aunque solo te vi en la penumbra, y de lejos, y entre toda esa multitud, sé, que eres la mas hermosa. Espero que me respondas, que me cuentes algo de ti, y poder verte algún día para saber cómo eres. Con cariño…Eduardo Esteban
Así le escribía el pecoso a su musa inspiradora. Estaba enamorado. Y el poco fundamento que tenían sus sentimientos, ya que nunca le había hablado, y ni siquiera sabía bien cómo era ella, se justificaban por la total carencia de afecto que el pobre tenía. Y por el estado de extrema sensibilidad que lo aquejaba.
Pero….
Y cómo había podido el pecoso obtener el mail de Margarita para escribirle así?
¿Cómo sabía su nombre?
Y es que ya desde antes, el coro había estado preparando otro viaje. Esta vez a Córdoba en Argentina. Todo estaba casi pronto. El itinerario definido. Las actuaciones previstas. El dinero necesario para el viaje ya había sido reunido. Etc. Etc.
Y Wilson, en esos días, andaba raro, pensativo, absorto, e iba mucho a visitar al pecoso a su trabajo.
Pobre pecoso!!!!!!!!!
Quería ir a Córdoba. Sí. Pero…
-Por favor, Wilson!!. Tú que tienes un contacto. No puedes arreglar para pasar por Concordia? Nos quedaríamos aunque sea un día y una noche. Tendríamos una actuación con ellos, y después, suplicaba el pecoso, seguiríamos hacia Córdoba.
-Deja, pecoso. Tú ni siquiera la conoces, no sabes ni cómo es, ni cómo se llama..
-Por favor, Wilson!! Tú sabes bien que se puede hacer. Trata de paso de tener su número de teléfono, que la quiero llamar. Es importante para mí!!
Aquella misma noche el coro ensayaba. Y todos con mucha atención atendíamos a la directora en su estricta tarea. Mansos. Obedientes. Nos sometíamos sin chistar al rigor de sus despóticas exigencias.
Uno era el coro cuando ensayaba, y otro muy distinto fuera de los ensayos.
Y sí. ¡Necesidad obliga!
Como de costumbre, al terminar, nos reunimos casi todos en la confitería de la esquina de la plaza a comer pizza. Y a tomar el vino que una de las compañeras, muy adicta pobre, siempre pedía.
El pecoso no estaba, pero Wilson sí.
Y su malévola intención eclosionó.
Entre risas y disputas, todos juntos perfeccionamos la pesada broma que se preparaba. Era como un ingrediente necesario para el próximo viaje. Era como una forma entretenida de mitigar la ansiedad que producía la espera de ese viaje tan deseado.
Le vamos a dar lo que pide, dijo Wilson.
Le vamos a crear un mail, a nombre de una supuesta mujer, se la voy a dar como proveniente de mi contacto con el coro de Concordia, y que se saque las ganas de escribirle. Así se deja de embromar.
Entre todos decidimos de un nombre, y de cómo se llamaría la casilla, y así, felices de antemano por nuestras ocurrencias, nos despedimos eufóricos esa noche.
Al otro día fue que el pobre pecoso recibió aquel dato crucial.
Si se creía esa, el asunto andaría….
Y el pecoso era crédulo, ya lo dije.
Y entre otras virtudes y defectos era inocente. También lo dije.
Y se tragó la píldora. “Entró como un caballo” comento Wilson después.
Así fue que le escribió a Margarita la carta que ya leímos.
Aunque Margarita no existía, más que en la imaginación de un grupo de amigos aburridos pero creativos, y ahora también, en la de nuestro querido compañero y amigo: el pecoso.
Claro! A veces se sabe cuándo algo comienza, pero no se sabe cuándo y cómo puede terminar. Y esa es la única disculpa que encuentro. Nuestra ignorancia. Nuestra imprudencia. Nuestra inconsciencia. Nuestra inocencia tal vez, y el desconocimiento que teníamos de los complicados mecanismos que pueden afectar los sentimientos de una persona. Nuestra insensibilidad!
Son muchos nuestros pecados! Después nos dimos cuenta........
margaritagomez@hormail.com
-Y ahora? Qué hacemos? Le contestas tú al mail del pecoso?....
-No. Yo no.
-Bueno. Le contestamos entre todos?
OK. Dale….
Las responsabilidades compartidas parecen ser una responsabilidad menor. Y si individualmente éramos cobardes, entre todos nos sentíamos valientes.
No pasa nada! Nos decíamos. Él va a ser feliz así. Necesita eso. Lo vamos a hacer feliz…pobre!.
Y así fue. Era feliz. Estaba motivado. Salía a caminar para estar en forma. Iba a un gimnasio. Hacia natación. Fue al médico, que hacía tiempo que no iba, y se hizo todos los análisis. Estaba perfecto. Se sentía joven otra vez. La vida le sonreía y se reflejaba en todo su comportamiento y en sus actitudes.
Que buenos éramos todos de brindar tanta felicidad a una persona!!
Tres veces por día revisaba el correo. Y en su trabajo, en el comercio del Toto, lo hacia a cada rato.
Y tuvimos que contestarle. No quedaba otra.
Primero muy discretamente. Tiene que ser progresivo nos decíamos.
-Claro! Margarita no puede ser ninguna regalada!
Y así, entre todos, creamos su personalidad. Una personalidad ajustada a las necesidades del pecoso. Evidentemente!
Edad? Bueno. Si el pecoso tiene 67 años, a ella le vamos a dar 10 años menos.
-Perfecto. Le va a gustar!
Profesión? Y…a el le gusta escribir poemas. Así que va a ser profesora de Literatura.
-Fantástico.
Y después? Bueno, va a ir surgiendo poco a poco, de acuerdo con lo que él escriba, será la respuesta.
Y Margarita le envió su respuesta….
Estimado Eduardo Esteban:
Me alegra mucho que me hayas escrito. Yo también me acuerdo mucho de ti, en especial de tus canciones y de toda la alegría que transmitiste a todos. Eso de que soy tan hermosa no me lo creo. Ya no tengo tanto. Solo tú me habrás visto así.
De mí tengo poco que contar. Tengo 57 años, soy divorciada, y trabajo en un liceo. Soy profesora de Literatura. Espero que esta comunicación se prolongue y que en un próximo futuro podamos vernos. Así nos conoceremos mejor. Cariños… Margarita
Me escribió!!. Dijo el pecoso, y confundido, apagó la computadora.
Debería contestar, el también, pero no sabía cómo. Necesitaba pensar. Y durante el resto del día no habló. No comió. Y no se movió.
Se pasó pensando respuestas e imaginando situaciones futuras en las que él, “el pecoso” era el actor principal. El don Juan. El conquistador irresistible. El amante más fogoso, inventivo e incansable.
Ella? Loca, muerta por él.
Querida Margarita:
Te agradezco el saludo y el beso. Te digo que el coro está haciendo un repertorio nuevo. Y te comento que vamos a viajar a fines de octubre por Concordia para dirigirnos a CORDOBA para hacer conciertos. Como no podía ser de otra manera. Me encantaría encontrarnos. Se supone que lo haríamos en caso de que sientas una amistad. Y si no te creo ningún compromiso
Sé que una mujer hermosa como tú no debe de estar sola. Bueno, igual está todo bien. Te estuve observando en la fiesta desde lejos y no me acerqué porque me pareció que estabas acompañada. Halagado por el gesto de la flor y por pararte frente a mí para observar tu belleza. La fiesta estuvo bárbara. Había muchas señoras cerca de mí. Pero me acompañó solo tu presencia. . bueno esperando que me comentes algo de ti. De tu vida. Me despido no antes sin decirte que algo te extraño y que ya me gustaría estar ahí. cariños para ti
Eduardo Esteban
El pecoso esperó dos días, que fueron interminables. Y nada…No podía ser. Estaba como loco. No aguantó más. Volvió a escribir.
4 de julio...
Querida Margarita:
Cómo estás. Yo aquí vine al ciber a ver si tenía algo tuyo pero se ve que estás muy ocupada con tus clases y no has podido prestarme atención. Yo, como todos los días, ayer te envié algo más. Para que nuestra amistad aumente a través de los días. Si supieras como me gratifica estar haciendo esto. Te cuento que hace tres años que vivo solo, y no tengo a nadie que me acompañe. Me está por salir a fin de año mi divorcio. No lo creerás pero mi EX. SEÑORA vive cerca y hace ya seis años que no la veo. Ella vive en Maldonado. Modestia aparte soy rápido con el teclado y no me lleva tiempo escribirte. Dime, tienes tu computadora o vas al ciber. Acá no es caro, 1 peso y 1/2 argentino x hora. No sé a ti. Me gustaría, modestia aparte, enviarte un CD. Que grabé en un estudio con temas románticos como los que a ti te gustan, para que me tuvieras ahí. Te va a gustar, hay temas de los iracundos, Perales. Los gatos. Cristian Castro. Luis Miguel, para que tú los mezcles con: La Divina Comedia. Cid. El Campeador. Eduardo Esteban Borges. Etc. dime: sos Uru. O Argentina. ?Me despido de ti con mucho afecto, diciéndote que te recuerdo con mucho cariño y que tu amistad me está iluminando muy dentro.
p/d. Si así lo deseas envíame alguna dirección o casillero de correo para mandarte el CD.
La cosa se estaba poniendo complicada pensó Wilson cuando leyó este último mensaje. Lo voy a frenar un poco, porque si no, no llegamos a octubre, y recién estamos en julio………
5 de julio: ...
hola Eduardo Esteban
Espero que estés bien, el mail de ayer no la recibí, pero no importa, recibí este, a no ser que ese mail dijera algo importante para ti, bueno te cuento que estoy muy ocupada por las clases, no tengo computadora a mano y tengo que ir a un ciber y me queda un poco a tras mano, lo importante es seguir manteniendo el vínculo, tal vez por todo lo que te he dicho en este mail convenga escribirnos una o dos veces por semana, así tenemos más temas para compartir de aquí a octubre, qué te parece? Un beso y con respecto a tus CD, prefiero escucharlos personalmente y que tú me los entregues cuando vengas, así tiene otro gustito, ok, cariños. Margarita
6 de julio...
Querida Margarita:
He entendido tu mensaje, y estoy completamente de acuerdo contigo. Espero que esta pandemia de gripe no nos impida ir por ahí. Quédate tranquila que lo voy a hacer como tú dices, siento haberte molestado y perdona mi impaciencia. De ahora en adelante, y como tú sos la única con la quien chateo. Esperaré que tu me envíes un mensaje cuando así lo puedas hacer. Te deseo suerte. Y mucho trabajo. Eduardo Esteban
Ahhhhh….Pecoso pícaro y prudente, pensó Wilson. Te echaste para atrás como un campeón. Lógico. No la vas a contrariar ahora, que esto recién empieza. Bandido!
Ya habrá tiempo. Espera nomás..
Hay que decir también, que a esta altura de los acontecimientos, Wilson ya estaba como poseído por la personalidad de la imaginaria Margarita. Pensaba coherentemente como si fuera ella. Desde sus valores, o los que debería tener. Desde su situación: laboral, social, familiar etc. Poco a poco en él se iba conformando una imagen, incluso física, de esa persona, que adquiría así una especie de realidad casi tangible. Y eso le era útil. Muy útil. Porque le facilitaba mucho la tarea, y ya no debía casi pensar para saber cómo contestar los insistentes mensajes del pecoso.
Pero....no todos estábamos contentos con la evolución del asunto, y algunos ya empezábamos a preocuparnos, a sentirnos culpables, y a tener un poco de miedo a que esta historia fuera a tener un mal final.
Y ese era mi caso.
Yo soy una persona de difícil comunicación. Soltero. Y sin posibilidades de salir de esta situación. Ya, a mi edad de cincuenta y pico, lo tengo asumido. Y es tal vez por eso, y analizando un poco mis propias motivaciones, que este asunto, si bien me asustaba y prácticamente no participaba en él, atraía mucho mi curiosidad y en algunos aspectos me generaba envidia.
Porque en realidad, yo veía que el pecoso tenía dentro de sus divagues, cualidades que yo siempre había querido tener y que me hacían mucha falta.
Él no tenía ningún problema para dirigirse a una mujer, ya sea frente a frente o, como en este caso, por carta. Lo hacía con comodidad. Sin ningún tipo de vergüenza, y no se cuestionaba en absoluto por las acometidas exageradas que le enviaba a su musa.
Mientras que yo, tímido por naturaleza, me veía impedido por mis carencias en ese sentido, de lograr, aunque lo deseaba imperiosamente, comunicaciones con el otro sexo.
Seguía por lo tanto el proceso con curiosidad e interés personal. Yo vivía esta aventura por persona interpuesta, y aunque evidentemente la sabia falsa, me complacía en imaginarla verdadera, soñar que era yo el protagonista, e imaginar situaciones que mitigaban así mi propia cobardía en este tema, y mi frustrante realidad.
Wilson en cambio, estaba casado y feliz en su vida matrimonial. Era joven, querido, divertido y exitoso. Lleno de adrenalina. Un poco de más tal vez, porque se aburría fácilmente. Necesitaba acción permanentemente. Era muy inteligente y organizaba siempre las fichas que componían su entorno, de manera de satisfacer su inagotable necesidad de diversión, acción, comunicación y protagonismo. Necesitaba ser indispensable, y cuando lo lograba, abusaba fácilmente del poder que esa situación le daba.
En esta lamentable historia del pecoso, mi amigo Wilson se sentía como pez en el agua. Manejaba los hilos de la situación a su antojo. Y creaba en el pecoso los sentimientos y emociones que a él se le antojaban.
Tenía la mente ocupada con esto una gran parte del día, y redactaba cartas imaginarias, que Margarita le mandaría al pecoso con las respectivas reacciones y respuestas.
Tenía un títere.
Él le daba vida, lo movía a su antojo, lo hacía reaccionar, amar, sufrir, ilusionar.
Diariamente iba al comercio del Toto, donde el pecoso trabajaba seis horas por día.
Llegaba.... Saludaba.... Y se sentaba a esperar....
El pecoso daba unas vueltas sobre sí mismo, y al cabo de un momento y no resistiendo a su permanente y ya conocida necesidad de alardear, empezaba el show.
Y era solo dejarlo hablar. Y Wilson disfrutar. E ir calculando él, qué cosas escribiría en la próxima.
8 de julio...
Querida Margarita:
Sé que debemos respetar lo acordado, y sé que este correo no lo leerás hasta mediados de la semana que viene, pero te quiero comentar que he sido contratado para actuar este sábado en una confitería que hay frente a la plaza del centro. Voy a hacer 5 ó 6 temas. Y cuando lo inicie, lo haré pensando en lograr que les guste, y lo haré pensando también en ti. En tu amistad, lo creas o no, lo haré pensando que ya no estoy solo, porque me acompañará tu imagen que aún tengo grabada, y me llena de una paz interior extraña. Sea como sea, la disfruto Cariños para ti Eduardo Esteban
12 de julio...
Querido Eduardo Esteban:
Te escribo ahora porque es fin de semana y tengo más tiempo. Muchas gracias por tus intenciones conmigo. La verdad que me pareces una re-dulce persona y hacia tiempo ya que nadie me decía cosas así. Espero que te haya ido bien en esa actuación que tuviste. No te escribí antes porque también estoy muy complicada con mi mamá que está un poco enferma, es viejita y vive sola en su casa que es muy grande. Si tuviera mas tiempo podría escribir más seguido y también ocuparme más de mi persona y de las cosas que me gustan, como leer, pasear, ir al cine y reunirme con amigos que son cosas que me hacen falta porque a veces me siento un poco sola con mis cosas. Te mando un beso grande. Margarita
13 de julio...
Margarita:
Qué increíble, a mí me gusta lo mismo que a ti, si estuviera yo ahí o tu acá nos llevaríamos bárbaro, como dos compinches y saldríamos a disfrutar de la vida, te confieso que hay personas que se han querido acercar a mí. Las respeto, pero hasta ahora ninguna ha logrado lo que has logrado tú, que cuando te conocí, sentí cosas agradables e inexplicables, pero que me sirvieron, para querer tener tu dirección, para acercarme hacia ti. Y eso no se compra, simplemente se siente o no. y aquí estoy, con la ansiedad de saber de tí. Cambiando de tema. Como te lo prometí, antes de actuar me acordé de lo prometido. Me vino tu imagen y lo logré vaya si lo logré. Quieren que vaya de nuevo este sábado. Me fue bárbaro. Un cariñoso recuerdo para tu mami. Y cuídala mucho. Me despido de ti, con la gran alegría de que me hayas prestado atención y que contestes esta página. Que te costará creerlo, pero la he creado para comunicarme contigo. No debería de decírtelo querida amiga, pero te confieso que te extraño por más que tu imagen me acompañe en mi trabajo, en la soledad de mi cuarto. Bueno no te enojes y déjame fantasear.
Cariños para las dos.
Eduardo Esteban
14 de julio...
Querida Margarita:
Margarita. Margarita: Tu nombre y tu figura, tu Figura y tu nombre. Tu nombre, que cuando lo repito una y una y otra vez en voz baja, me perfuma los sentidos, y me hace disfrutarlo en mis oídos, como a campanas en navidad Tu Figura. Ahhhhhh. Tu figura, que por momentos me hace sentir tan insignificante, igual que una lagrima cayendo en el mar, pero que también por momentos me gratifica y me eleva hacia la cornisa de un cielo amplio y a pleno sol, y desde allí me hace ver y sentir que aún estoy vivo. De cualquier manera ES SUBLIME. Te comento, sé que no lo sabias, también soy escritor. Estoy en un grupo que se llama escritores del siglo XXI. Si quieres saber más, te cuento. Llegue hasta ti mis más cariñosos afectos, también para tu mami, que estoy aprendiendo a querer, porque lo que tu quieres, yo también lo quiero.
Besos para ti, mi querida amiga, mi reina, mi profe. Eduardo Esteban
15 de julio...
Bueno, Eduardo Esteban, veo que tu dulzura no tiene límites, veo en ti una muy hermosa persona, te veo, me acuerdo de ti, de tu dulce mirada de tus delicados gestos y todas aquellas cosas lindas que surgen del amor, nunca pensé que una persona por mail pudiera despertar en mí tantas cosas hermosas, creo que estoy empezando a quererte, besos... Margarita
16 de julio...
Querida Margarita:
Tu mensaje, en el cual me dices que estás empezando a quererme, me caló muy hondo, y se me fueron los miedos. Tú estás empezando, pero yo voy unos pasos más adelante que tu. Yo ya lo estoy sintiendo. Gracias otra vez por lo de escritor. Eduardo Esteban
17 de julio...
MARGARITA, después de mi mail de ayer, iba a esperar que tu me hicieras el tuyo, pero vine a escribirte, porque te comento que mi futura relación contigo se me está escapando de las manos, te lo comento con mucha buena onda, todo está bien, pero: ¿ te pusiste a pensar que pasaría si yo no puedo ir por Concordia por la pandemia de gripe? Por otro lado, me acabo de sacar una foto para escanear y enviártela, pero lo deseché porque me pareció un atrevimiento al no contar con tu autorización. Me gustaría que tu me enviaras una tu primero, además quiero tener tu dirección y tu Tel. o cel. Para poder comunicarnos. Creo que somos 2 personas mayores y nos podemos manejar. No sé, pero me estás quitando el sueño, pues me atrapa la ansiedad y son las dos o tres de la mañana y me despierto siempre en lo mismo. Ya no tengo porque esconder que me importas mucho. Llegue hasta ti mis mas apreciados cariños y te quiero mucho.
Eduardo Esteban
Que fenómeno, pensó en seguida Wilson. Este pecoso, la verdad, es que es totalmente estúpido. Vamos a tener que cortar porque se lo está tomando demasiado en serio.
Y era cierto. Ya había hablado con su patrón, el Toto, y le había anunciado con mucha seriedad, que se quería tomar los días de licencia que todavía le quedaban, y que quería hacer “un viajecito”. Que lo disculpara, pero que para él era muy importante.
Corta Wilson, le dije yo en seguida que me leyó el mail por teléfono. Vas a tener que hacer algo porque este pobre desgraciado se va a quedar loco cuando sepa que es una broma. Esto ya es demasiado! Puede terminar mal, y no hay derecho! Date cuenta que si lo dejas, se va para Concordia solo, para buscar a su Margarita, y anda a saber lo que es capaz de hacer por allá, y en que lío se puede meter. El y nosotros también.
18 de julio...
Querido Eduardo Esteban:
recibí tu mail, mira Eduardo Esteban, no me gusta que pases las noches en vela por mí, en realidad creo que tu te precipitas un poco, falta mucho para vernos, además te comento que yo no estoy en mi mejor momento en cuanto a la parte anímica y física, date cuenta que estoy pesando 90 kilos, y te puedes llevar una gran decepción, de todas maneras estoy yendo al gimnasio para bajar de peso, pero le doy duro al mate dulce y a las roscas con chicharrones, en fin, mira que estoy veterana y los años no perdonan a nadie. Todo este conjunto de situaciones hace que yo no me sienta muy bien, y tengo miedo de no gustarte, por eso me pienso cambiar el lock, me voy a cambiar el color del pelo y me lo voy a cortar, me encantó lo que me escribiste y me hace conocer mejor tu linda persona, te mando todos mis cariños, y te dejo porque me espera una amiga a cenar un puchero pampeano con carne de cerdo y caracù, boniatos, y todo lo que te puedas imaginar, ves por eso soy una gordita, espero cambiar, un beso. Margarita
Sin palabras!!!...No??? cuando me lo leyó, no pude aguantar la risa. Porqué a lo patético, se estaba mezclando una dosis de incoherencia y grosería que no dejaba de ser cómica
Así quería Wilson desanimar al pobre pecoso, y al presentarle una imagen desagradable de su Margarita, hacer que la inminente ruptura de las relaciones no le causara tanta pena.
Y punto, dijo. Aquí se termina.
Yo lo miré. Y como lo conocía bien, me pregunté en seguida, cuánto tiempo le duraría esa sabia determinación. Cuánto aguantaría sin querer leer la respuesta del pecoso, de contestarle, de seguir divirtiéndose, como era su costumbre. Aunque sin duda, él tenía conciencia de que esta broma era demasiado gruesa y que era poco ético seguir, yo preveía una prosecución en la insólita relación que por el momento hacia feliz a más de dos personas. Aunque por razones bien distintas, evidentemente.
Y no me equivocaba. Lamentablemente
El miércoles siguiente, el coro ensayaba. Como todos los miércoles.
Y el pecoso firme. Más firme que nunca.
A poco de sentarnos y antes que se iniciara el riguroso ensayo, nuestro amigo no aguantó. Se paró. Pidió la palabra, y dijo muy ceremoniosamente: Les tengo que anunciar que tengo novia!
Silencio y asombro. Y el pecoso ahí, paradito.
- ¡Qué bien Eduardo Esteban! Y como es eso?
-Sí, tengo novia en Argentina!
-En Argentina?
-Sí. En Concordia, mas exactamente.
-En Concordia? Pero no es ahí que vamos en noviembre?
-Si. La conocí cuando fuimos al Brasil. Es profesora de Literatura, y dentro de quince días la voy a ir a visitar. Ya pedí los días de licencia y el Toto me los va dar para que vaya.
Nos miramos todos unos a otros, haciendo un tremendo esfuerzo para retener esa hilaridad naciente, progresiva e incontenible que se da cuando las personas cómplices de una picardía se miran unas a otras.
Y el pecoso, también incontenible, contó no solo su historia, sino además toda la irrealidad de sus sueños, que asombrosamente, mezclaba con su tambaleante e idealizada realidad.
Y lo cómico se volvió patético. Y nuestras sonrisas cómplices se transformaron en una bien definida expresión de preocupación, o tal vez de vergüenza, o tal vez de una mezcla de sentimientos desagradables que nos acompañaron durante todo el ensayo y también después.
20 de julio.
Querida Margarita: Yo sé que la vida es difícil para las personas que vivimos solas. Y te entiendo. Pero quiero que sepas que para mi lo más importante no es tu aspecto físico, sino las otras características que de ti vislumbro. Te cuento que ahora más que nunca quiero ir a verte. Ya obtuve los días necesarios para ir a visitarte. Voy un jueves, y si tú quieres y me lo permites, me quedaré hasta el domingo de mañana. Así tendremos tiempo para conocernos mejor y compartir esos momentos de la manera que tú decidas o prefieras. Te pido que me mandes tu dirección y tu numero de teléfono de modo que pueda entrar en contacto más directo contigo. Te mando un beso muuuy grande. Eduardo Esteban
-Yo te dije, Wilson. Ahora que se lanzó, no lo vas a desanimar con nada.
-Se terminó, contestó él. No le escribimos más.
-No, Wilson, dijo el Toto. Lo vas a matar. No ves que está enamorado? Déjalo que sea feliz, que viva sus ilusiones. A nadie le hace daño, y es lo único que tiene. Pobre.
En efecto, ese amor inexistente, esa ilusión, era lo único que el Pecoso tenía. Al menos, era el único motor que tenía su triste vida. Y, a esta altura de los acontecimientos, se planteaba lógicamente esa disyuntiva: destruir al Pecoso de inmediato contándole la cruel verdad, o seguir “generosamente” con la triste e insólita historia, y destruirlo más tarde.
-Bueno....dijo Wilson. No sé.... pero.... ya que estamos... Pobre pecoso!!!
Y la historia siguió.
Por lástima? Por consideración? Por generosidad? Por algún sentimiento bondadoso hacia el crédulo Pecoso?
No sé. Habría que analizar todo esto más profundamente. Pero lo dudo.
Analizar—nos! Y reconocer quiénes somos en realidad. Y cómo somos en el fondo, detrás de nuestras hipócritas fachadas.
Y la historia siguió. Ya lo dije. Y las cartitas siguieron. Y la alegría. Y la diversión. Y todo el mundo feliz. Y el Pecoso más que nadie.
Y los días pasaron. Y las semanas. Y las cartas tomaron lentamente un tono erótico, en el que intervenían detalles personales en cuanto a gustos, preferencias, características físicas, confesiones íntimas. Muy íntimas!!!.
Evidentemente todo era fabuloso, y las confesiones del Pecoso eran todas muy esperadas por el grupo, que entre risas y asombros, comentaban las atrevidas insinuaciones, los gustos casi morbosos, del viejo y querido títere.
Y las semanas pasaron. Ya lo dije. Y así se aproximó la fecha del esperado viaje. Esperado. Sí. Pero por razones distintas en cada uno.
El pecoso por las suyas. Evidentemente.
Wilson por otras razones. Y cada uno con una expectativa distinta. Algunos por el paseo. Otros por cantar. O dirigir. O tomar vino argentino. Pero todos pendientes de la inevitable e imprevisible conclusión de esta cruel historia.
La fecha llegó.
No voy a entrar en los detalles de los preparativos, de los nervios, de todo lo previo. Porque ya el coraje no me da. Porque lo que pasó después, opaca todo.
Acá no hay sorpresa todavía!. Qué esperaban? Estaba cantado. Fue bien simple. Otra cosa no podía ser.
Solo sucedió lo esperado.
El Pecoso se plantó bien firme frente a la Iglesia de Concordia.
Sí. A las ocho de la tarde. Así habían quedado.
Daba lástima verlo ahí. Paradito. Esperando a su amor con su bolsito en la mano. Mirando con timidez hacia todos lados, no sabiendo por dónde iba a aparecer su Margarita, mientras que en una terraza de la plaza, muertos de risa, todos esperábamos con él. Aunque no lo mismo.
Hubo que ir a buscarlo, largo rato después, cuando ya no lo veíamos. Estaba sentado dentro de la iglesia. Cabizbajo. Pensativo. Asombrado. Todavía incrédulo.
Se dejó llevar, mansamente. Parecía haberse achicado. Miraba el piso. Lo abrazamos. Éramos buenos con él. Buenos compañeros. Qué buenos éramos todos!
Lo sentamos en el ómnibus, y de ahí no se movió más.
Al principio nos preocupó un poco, pero pudimos ver que comía, y tomaba agua, aunque no hablaba.
Es cierto. No hablaba. No habló más. En todo el viaje no habló. Nos reíamos, se volvió mudo el Pecoso. No importa. Ya está. Ya pasó.
Qué pasaba en ese mundo interior? Nadie sabe.
Cómo su extraña mente registró y resintió este cómico, o triste, o cruel, o malvado episodio de su vida? Nadie sabe. Nadie lo sabía. Todavía....
Pero...el pobre pecoso había entendido al fin la pesada broma. Y había quedado destruido. Destruido psicológicamente, que es peor.
Por causa de este triste episodio, es que aquella noche, temprano, él caminaba deprisa por una calle desierta de San Carlos. Deprisa, porque decidido. Y lo había pensado mucho. Él ya no tenía fuerzas. Y este último fracaso marcaba como el final para sus ilusiones. Para sus sueños tantas veces frustrados.
No sabía por qué tenía que merecer tanta maldad. Seguramente se habría equivocado muchas veces, y otra muchas habría obrado mal, pero nunca hubiera pensado que este último intento de vida terminara así.
No quería vengarse. O sí? No lo sabía bien. Pero lo que sí sabía, es que algo tenía que hacer. Que algo iba a hacer para que esto no quedara así. Para que todos supieran…
Y lo supimos. En realidad yo lo supe primero que nadie, cuando lo fui a buscar esa noche. Tarde. Para reírnos todos juntos, otro poco más.
El silencio fue lo primero que me impactó. Después fue la puerta entreabierta, sin trancar, lo que no era normal.
Lentamente me acerqué, ya con miedo. Empujé despacio la puerta, y lo vi. A él no. Por suerte. Porque di a tiempo un paso atrás. Pero sí vi el taburete. Caído. Atravesado. Último, silencioso, y mudo testigo de un epílogo casi previsible para quienes tienen, aunque sea, un átomo de sensibilidad.
FIN
Epílogo: Imprevistamente, el 3 de noviembre, en la casilla de correo del coro, se recibió el siguiente mensaje:
Eduardo Esteban: Porque ahora sé que te llamas Eduardo Esteban. Me dio mucha lástima no estar presente el día que con tu coro visitaste mi ciudad de Concordia. Mi madre, enferma ese día me llamó y tuve que ir a Córdoba para acompañarla unos días. Te extrañará esta carta, o te sorprenderá, pero yo soy la persona que te regaló la flor en Uruguayana cuando estuvimos en aquel festival, y que trató sin éxito de acercarse a ti cuando cantabas. Siempre pensé que nos veríamos de nuevo algún día, algo en tu mirada me creó ese deseo. Lamentablemente esta vez no pudo ser, pero sé que nuestros caminos se volverán a cruzar, porque intuí en ti, el mismo deseo que tengo yo de encontrarnos...
Un beso afectuoso. Hasta pronto si quieres....
Los personajes y las situaciones planteadas en esta historia son producto de la ficción, y toda similitud con la realidad, es mera coincidencia.
