::::: SITIO CREADO EN SAN CARLOS, MALDONADO- URUGUAY, EL 26 DE JUNIO DE 2006 :::::
 
 
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  DEBERES DEL TALLER  
 

TRABAJOS DEL TALLER

Este Taller comenzó a funcionar bajo los auspicios del Departamento de Cultura de la Intendencia Municipal de Maldonado, y sigue siendo dictado por la Escritora Ana María Viroga de Almandos.

El objetivo del taller es y fue la lectura de textos, el análisis de los mismos así como de las creaciones literarias de quienes asisten.

Actualmente - año 2008- se dicta libremente en la Fono platea de Radio San Carlos, los días martes y sábados, en el horario de l5: 00 a l6:30.


REFLEXION DE MIRIAM BALLADARES

En nuestro taller
a través del año,
compartimos libros
compartimos encuentros
compartimos salidas.

Hoy, al terminar,
vemos que también
compartimos sueños...


COMPOSICION CON PAUTAS OBLIGATORIAS

Primera pauta: El suceso se desarrolla en una pensión.
Segunda pauta: El reloj debe marcar las 17 horas.. 
Tercera pauta: Se escuchan pasos en la habitación contigua.
Cuarta pauta: La habitación tiene una ventana que da a la calle.
Quinta pauta: Se siente aroma a rosas.

CON OLOR A ROSAS

CUENTO APLAUDIDO POR TODO EL TALLER

Autora : Analía Ezquerra

Antes de abandonar el cuarto de la Pensión, se fijó que todo quedara en orden y que nada revelara su presencia en el lugar... Esquivó el bulto que estaba en el centro de la habitación, apagó la luz y cerró la puerta... Había ido allí con un propósito y lo había conseguido...

Para ello, se había instalado en la habitación esperando su llegada, cuando el reloj marcara las 17:00 horas, él no tardaría en llegar, ya que como todos los martes, desde hacía dos meses se encontraban allí...

Lo que haría después lo había repasado una y otra vez...

Al espiar por la ventana que daba a la calle lo vio venir... Se acercaba con su andar pausado, totalmente despreocupado, sin saber lo que le esperaba.

Por un instante rememoró los momentos felices que habían pasado juntos, los planes que ambos querían realizar, la promesa de un amor eterno. ¿En que momento todo eso se había perdido?

El ruido de unos pasos en el cuarto de al lado la volvió a la realidad. Sacó algo de su cartera y esperó.

Minutos después el hombre abrió la puerta, prendió la luz y la vio...

Al abandonar la habitación, todo lo que quedó fue un intenso aroma a rosas.


COMENTARIO DE 
ANA MARIA VIROGA DE ALMANDOS

Verdaderamente que tuve dudas si pedirle a los integrantes de nuestro taller, que nos trajeran un soneto como deber, pues aparte de la estructura del verso, su métrica y su rima mi idea era pedirles que mencionaran en el mismo que era un deber. 

Pero como vi su entusiasmo al plantearles la idea se los pedí y la respuesta no pudo ser mejor, seis terminaron un soneto, atendiendo, la estructura tradicional BAAB - BAAB- CDC- DCD, más la condición particular que debían citar en el trabajo que era un deber del taller. 

El resultado me dejó muy satisfecha y lo compartiremos con ustedes. Al azar elegimos estos, para comenzar con este apartado, de deberes del Taller MARÍA AMALIA PÁEZ NÚÑEZ, seguramente ella, desde la morada de las musas, el parnaso compartirá nuestra satisfacción.

SONETO OBLIGATORIO

Debería dejar esta labor para mañana...
¡Esta semana por deber tengo un soneto!
Pero no me puedo demorar y ya me meto,
sino, cuando termine, tendré canas...

Y continúo con el deber, que mandó Ana.
No es fácil proseguir, más con respeto
sigo azorada desafiando el duro reto,
pero termino otro cuarteto muy ufana.

No me alabo, quizás no salga airosa
ni logre métrica y rimas seductoras,
pues siempre hay espinas en las rosas.

Tres versos me restan. ¡En buena hora!,
Y termino con estos versos, presuntuosa,
pues el deber ya está hecho. ¡Profesora!

Irma Fernández


UN SONETO AL AMOR

¡Que lindo deber, querida Ana María!
De los poemas, es el más cruel tirano.
Más no me voy a quejar pues mucho amo,
y sino lo dijera, la verdad que mentiría.

¡Por amor!, ¿Preguntadme que no haría?
Por sentir sus labios o sus tibias manos...
Creo que si me ataran, sería en vano,
pues hasta cadenas de acero rompería...

Amor que me envuelves en dulzuras,
que injertas en mí, sueños y anhelos
deseos, ilusiones, delirios y ternuras.

Amor, causante de temores y desvelos
de pasiones, incertidumbre y censuras...
¡Nunca has amado sino has sentido celos!

Autora : Analía Ezquerra


SONETO "TIRANO ENSORTIJADO"

Decir que es un deber, es otra exigencia
en un verso por preceptos esposado.
El soneto es un poema esclavizado
que debe obedecer, normas y cadencias.

Pero debo continuar y por prudencia
ignoraré a estos versos maniatados...
Pues en verdad me siento liberado,
para seguir adelante con vehemencia.

Es tan grato cantar siempre alborozos
y sin reglas, consagrar al amor una poesía
hasta colmarnos de ilusiones y de gozos.

Más lindo y mejor, escribir así sería
un verso emotivo, pasional y melodioso
para vaciar en un poema el alma mía.

Matías L. Suárez


UN SONETO COMO DEBER

Comenzar bien, es de buena providencia,
dos de cuatro, principio muy propicio
y por ventura, terminaré sin sacrificio,
éste cuarteto y es exacta la coherencia.

No me inquieta, no requiere suficiencia;
¿Catorce versos? ¡Que modesto ejercicio!
Para quien la poesía, dice ser su oficio,
un soneto, jamás será gran ciencia...

Solo seis líneas me restan a esta altura,
y continúo con estos versos seducido
y aun que no le cantado a mis ternuras,

juro que la amé, la amo y la he querido,
¿Quién podría vivir sin sus dulzuras?.
Y con amor, ya este deber, he concluido.

Leonel Cugnetti


ENSOÑACION

Hace frío allá afuera…; el día se despierta.
La mañana se cubre de niebla y humedad.
Allá en el horizonte, un tibio sol refleja
Los destellos que ahuyentan la gris hostilidad.

Consumo en un cigarro la vida que me agobia,
Soñando que otra vida me vendrá a consolar…
Y mientras tanto el tiempo me entrega con su noria
Las horas que comparto con mi fiel soledad.

Sabe mi alma que existe un mundo diferente
Más allá de las cosas que suele contemplar:
La gente que transita, veloz e indiferente,
Tratando de evadirse de una cruel realidad.

á de las cosas que suele contemplar:
La gente que transita, veloz e indiferente,
Tratando de evadirse de una cruel realidad.

Y envuelta en las volutas, con alas vaporosas
Se eleva tras la fuente del ritmo de cristal…
Va en busca del ensueño de sedas y de rosas,
Las selvas perfumadas, y la flauta de Pan…

Dirán ellos que sufro de una rara pereza…
Que, como la cigarra, no me inquieta el después

Y es que prefiero a su ocre y fugaz existencia
¡ la eterna paz que gozan los cisnes de Rubén!

Por María Lezcano


LEJOS

Estoy lejos
Caminando sin rumbo alguno,
Por los oscuros montes
y las verdes praderas,
sin hallar alguna cosa
que me detenga
y me obligué a observarla.
Estoy lejos, muy lejos
de la civilización,
viviendo en tinieblas,
de espaldas a la humanidad.
Estoy lejos, lo presiento.
Mi brújula se ha roto,
he perdido la orientación.
En mi todo esta oscuro,
la luz solar se ha apagado.
Estoy lejos,
Pero caminaré por este sendero,
y en algún momento
la oscuridad
se hará clara.

Por María Lezcano


VIAJE EN TREN

¡El maldito carro me había dejado a pie y no tuve más remedio que recurrir al tren... El tren me hace retroceder a la época de mis abuelos o a aquellas viejas películas de cowboy que de tanto en tanto aun pasan, por televisión. Pero no podía quedar aislada en medio de las montañas, así que a último momento, como siempre me pasa cuando enfrento alguna contrariedad llegué sobre la hora a la estación. Pedí una suite individual. 

El cajero se rió a carcajadas y me contestó, lo mejor que puedo ofrecerle es primera clase. Acepté y como me dijo que me apurara o tendría que esperar al otro día, corrí hacia él andén. Un grupo de vagos me gritaron algunas groserías que me molestaron. 

A mí me gusta las galanterías, pero cuando vociferaron " Eres el complemento ideal para mi gimnasio", "Con esas gomas no me borraría nunca", "Tantas curvas y yo sin frenos" : Me dio ganas de insultarlos, pero subí apurada con el tren, ya casi en marcha. ¿A lo que llaman primera clase algunos?... 

El tren había tenido mejores épocas, pero estaban muy lejanas. Miré todo el vagón buscando una partición vacía. Pero casi todas iban con dos personas o más personas, menos uno en el que iba un sólo pasajero y me senté frente a él. Me puse cómoda, miré el paisaje que parecía disparar del tren y de mis ojos; era un panorama monótono, pesado y aburrido, estabámos atravesando el desierto... 

Confieso que pasaron más de quince minutos antes que reparara en mi petrificado acompañante. Pretendía entablar una conversación para hacer más corto el viaje, pero el muy maldito, no sacaba los enormes ojos azules de su libro... 

No estaba acostumbrada a pasar desapercibida y menos ignorada y aquella situación realmente me fastidiaba. Tosí esperando interrumpirlo. Sabía que si lograba sacarlo de su abstracción después sería un cachorro fácil. Porque las mujeres miramos las manos de los hombres, en busca de anillos; me alegró que no llevara ninguno. 

En vano carraspee repetidas veces, hasta llegué a pensar que era un mal educado. O no se había dado cuenta acaso, a quien tenía la fortuna de tener sentada frente a él. Me desabroche un botón más de la camisa, saqué el espejo y me miré. Entonces comprendí que aquel hombre era hielo. 

Acomodé mi pelo, me recosté sugestivamente con la esperanza de que levantara los ojos y comencé a estudiarlo detenidamente. Sus ojos eran azulados mas azulados que los míos, calculé que debería medir como un metro noventa y tener unos 32 o 33 años. Aunque estaba sentado y vestido, pude percibir que era un hombre musculoso. 

Debería ser uno de esos que le gusta hacerse desear, pero para mí aquella masa de músculos que tenía delante no significaba ningún imposible. Había despreciado a tantos y tenía tantos rendidos a mis pies y esperando por mí. Porqué me iba a interesar un pobre diablo que viaja en tren leyendo un viejo libro de las teorías de Darwin, con un trajinado maletín al lado. Idiota, le decía mentalmente, te importa más la evolución de las especies que este perfecto espécimen que tienes frente a ti. 

Mi abuela cuando era niña me regaló una medallita de la Virgen. Me había dicho que siempre que necesitara algo se lo pidiera a la Virgen. Era una medalla casi diminuta, pero para mí era un verdadero talismán de la suerte. Aunque no la llevara en el cuello siempre me dio suerte, hasta cuando salí Mis Universo la llevaba conmigo. 

Pobre Virgencita, ni mi familia ni nadie se imaginará donde la llevaba escondida... Tiré de la cadena y la subí, la tenía entre el busto, la saqué y la besé. Mientras la besaba pedía que aquel hombre me mirara. Estaba segura que aquella bestia salvaje, mezcla increíble de Charles Bronson y Brad Pitt , pero con la altura de un Jhon Wayne y una musculatura que se marcaba en cada movimiento, a pesar de todo estaba convencida que sería presa fácil y caería rendido a mis pies. 

Pensé que el negro que vestía lo hacía más atractivo. Debió caminar por el desierto pues sus zapatos estaban polvorientos. Recién en ese momento me di cuenta de lo seductor que era. Especulé que quizá lo que más me atraía de él era sentirme ignorada por primera vez, inadvertida y relegada. 

Quizá si él hubiera tratado de conquistarme no me atraería tanto, no especules me decía, tu sabes que no es así... De repente me di cuenta, que estaba predispuesta a que él hiciera de mí lo que quisiera... Me recriminé y me dije para mis adentros. ¡Estas loca, completamente loca! 

Como era mi costumbre yo misma me preguntaba y contestaba a la vez. ¿Estaré loca? - Si estoy loca, pero loca de pasión. ¡Si esa bestia me lo propusiera, sin pensarlo iría a la cama con él!... Pero él seguía enfrascado en el maldito libro, odié al maldito Darwin, maldito imbécil , que importa de donde venimos, lo importante es a donde vamos. ¡Y de los monos descenderá su abuela, no la mía!. 

Saqué mi Chanel N°5 o me puse más de lo acostumbrado. Pocos instantes después, su aroma se esparció por el vagón. Escuché exclamaciones valorando su deliciosa fragancia, "que exquisito, que sugestivo, ese perfume huele a romance", decían, decía una muchachita un asiento delante de nosotros. 

Pero mi compañero de compartimiento no demostró sentir sensación alguna y continuó con sus celeste ojos enfocados en el maldito libro. Tuve ganas de arrancárselo de las manos y decirle mírame, te deseo, llévame donde quieras estoy delirando por ti. 

Pero no me animé. No estaba acostumbrada a llevar la iniciativa y me sentía frustrada, fracasada y desengañada. Pero seguía mirándolo, observando cada detalle suyo. En un instante descubrí un largo cabello rubio sobre su solapa izquierda, lógicamente que venía de encontrase con una mujer... 

Era natural, estaba cansado, habría quedado rendido. Era seguro me decía, que había salido de un encuentro lascivo y eso me hacía sentir relegada. Pero si yo me lo propongo será mío cuando lo quiera; me repetía segura de mi misma. El tren corría aburrido entre los áridos arenales del desierto, sentí sueño, me tendí sobre el asiento y extendí mis piernas de sobre el posa brazos. 

Ya había mostrado parte de mi pecho, ahora mostraba parte de mis piernas... ¿Pero es idiota o se hace?. No pude comprobar que hubiera levantados sus párpados. ¿Será humano me preguntaba? ¡Yo le puedo dar mucho más que el maldito Darwin me repetía! 

Me adormecí, pero cada vez que abría los ojos y lo miraba seguía en la misma estática posición. Pensé que tuvo oportunidades de mirarme durante mi modorra. ¿Pero y si no lo hizo? Llegué hasta a pensar que fuera homosexual. Y sí lo era estaba perdiendo el tiempo. 

Debería serlo, solo así se explicaba que no me mirara. Me volví a sentar, saqué el espejo me arreglé el pelo y volví a mirarlo con mayor atención. Yo tenía experiencia y me di cuenta que aquel individuo no era homosexual... La frustración se apoderó de mí, me volví a mirar en el espejo. 

Yo no había cambiado, saqué un paquete de pastillas, tomé una y me animé a interrumpirlo, y arrimándole las pastillas le dije: - Son de menta sírvase una. - Le acepto, gracias, me contestó y por primera vez sentí su voz profunda, voz que a mí me pareció una caricia sonora. 

Pero sin decir más, fijó nuevamente sus ojos en el libro y yo quedé al borde del colapso y con mi auto estima por el suelo. Nunca me había sentido tan postergada y humillada en toda mi vida... Miré la hora, ya no demoraríamos en llegar. El no sabía con quien se había enfrentado, cuando bajáramos lo abordaría y ya sin el maldito libraco en las manos, estaría en mi terreno. 

Casi de inmediato el guarda anunció: En cinco minutos finaliza el trayecto. Cerré los botones de mi camisa y quedé pronta para enfrentarlo apenas bajáramos... De repente aquel hombre se movió por primera vez en el largo viaje. Abrió su viejo maletín, sacó de él un almidonado cuello blanco y se lo puso. 

Entonces me di cuenta de que era un sacerdote ¡Qué desperdicio! ¡Qué desperdicio! Repetía yo, mientras se alejaba... Él caminaba ligero, tuve que apresurar el paso y lo intercepté, tengo que hablar con usted le dije. 

- Hable, le escucho me respondió con amabilidad, ¿en qué puedo ayudarla?. - Padre estuve pecando y quiero confesárselo, no puedo soportar tanto pecado... - No creo que hayas hecho nada grave como para que estés tan nerviosa. - He pecado padre y no sé si tendré perdón... - Aunque no estamos en un confesionario, ¿que pudiste hacer hija mía para sentirte tan culpable?... 

- Padre pase todo el viaje pensando en usted, quería seducirlo, poseerlo, hacerlo mío. - Comprende, tienes conciencia de lo que a dicho, está segura, muy segura. - Sí padre, estoy segura, muy segura... - Es un pecado muy grave hija mía, para soportarlo tu sola me dijo, mientras se quitaba el almidonado cuello. - 

- Sígueme que tengo un amigo que tiene un hotel frente al aeropuerto. - Sumisamente lo seguí, cuando llegó se abrazo con su amigo y luego le dijo, necesito la suite nupcial por un día. - 

Su amigo le contestó, no te arreglas con algo más económico, la nupcial sale 200 dólares por día. Él quedó sorprendido, seguramente no tenía los doscientos dólares... - Pero tímida como yo soy, saqué seis billetes de cien dólares y entregándoselos le dije, que sea por tres días; para empezar.

La autora pidió no firmarlo si era publicado.

Este trabajo tenía que reunir las siguientes y precisas condiciones: En un viaje en tren el o la protagonista debía sentarse frente a un hombre llevaba un viejo maletín negro y este sólo podía sacar el cuello de cura, al final del trayecto, debía tener los zapatos sucios de arena y durante el viaje no se le advertía despegar los ojos del libro Las Teorías de Darwin. 

El resto lo debía inventar el autor del deber. La alumna lo escribió con tanta y picardía que provocó la hilaridad de todo el taller. Había cumplido estrictamente con todos los requisitos del deber y había logrado hacernos reír; aunque tuvimos que terminar de leerlo nosotros, pues ella estaba roja como un tomate y tan tentada que no pudo terminar de hacerlo. ¡Quien logra hacer reír, ya está haciendo un gran favor!

 

 

 

 

 
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