::::: SITIO CREADO EN SAN CARLOS, MALDONADO- URUGUAY, EL 26 DE JUNIO DE 2006 :::::
 
 
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  NARRACIONES 4  
 

EL DOGO ARGENTINO

Un sol anciano se desvanecía en el horizonte mientras la mano de la noche comenzaba a abrazar al pinar que rodea a Maldonado…

A la salida de su estudio él Dr. César Arrarte encuentra en el asiento delantero de su auto, un sobre dirigido a él, lo abre y lo lee:

- Querido Dr. Arrarte me duele tener que decirle que todos los lunes a la noche “SU ESPOSA Y SU “PROTEGIDO " se encierran en el chalet " La Estrella ".

Parece mentira que a un hombre como usted, le hagan esto.

No intente sorprenderlos, pues ese día dejan al dogo con cadena corrida y esa bestia asesina sería capaz de matarlo.

- Alguien que le debe y le quiere mucho...

- Apenas terminó de leer, arrugó el papel entre sus manos, le prendió fuego y pisó las cenizas para destruir aún más la infamia que llevaba escrita.

- Sólo la calumnia no firma nunca, se dijo ¿ Quién sería tan vil y cobarde para inventar tamaña canallada de su adorable Diana? Y de Ernesto; el joven huérfano que él prohijó aún antes que sus padres murieran en aquel infortunado accidente.

El Dr. Arrarte pertenecía a esa clase de hombres que no se pueden encuadrar en ningún tipo definido, no se podría pensar que fuera un hombre severo, pero tampoco expresar lo contrario; no se podía afirmar que fuese único pero sí, que no se conocía a otro como él.

- Sentado en su auto pensaba en aquella sucia hoja y no supo por qué le vinieron a la mente aquellas palabras que alguna vez pronunciara su madre " Los hombres viejos que se casan con jovencitas, terminan arrastrando a sus esposas a ser malas mujeres "

Pamplinas ese no era su caso, ¿ " viejo él ''? Se miró en el pequeño espejo del auto, sí era cierto ya tenía 58 años, pero nadie se atrevería a atribuírselos.

De temperamento frío, pero benévolo a la vez comenzó a pensar en aquella ''chiquilla'' veintisiete años menor que él, hasta que punto influía en sus decisiones y la forma hipnótica como sucumbía ante sus encantos…

Luego Pensó en sus hijos, Velazco de 13, Rodrigo de 10 y Gonzalo de 8, todos tan parecidos a él y a su familia …

Viernes 12 de julio, hora 18:

Después recordó a Ernesto, casi un hijo, que él tuteló obligándole a estudiar desde que dejó la primaria y cuando sus padres vivos aun, no pensaban inscribirlo en la secundaria. Sólo tenía 19 años y una amplia sonrisa de agradecimiento en sus labios, recordó el día del padre cuando Ernesto gastaba sus ahorros comprándole un costoso regalo. El último se lo había entregado con una tarjeta que decía " Para mi querido papá César", dándole un beso cosa que hacía solo en ocasiones como esas.

Como quién se quita la primera cana de sus sienes, creyendo ignorar con eso, lo que ella anuncia, apartó aquellos pensamientos de su mente y dispuesto a no recordarlos más hizo mover su coche y en minutos entraba a su residencia.

Velazco su hijo mayor y Ernesto, verdaderos compinches entre sí estudiaban en un estar; Hola César le dijeron los muchachos y sin prestarle demasiada atención continuaron con sus estudios.

A él no le gustaba que sus hijos lo llamaran por su nombre, pero Diana nunca había permitido que los niños les dijeran papá o mamá, una madre habla de una mujer mayor y ella hacía unos esfuerzos tremendos para seguir pareciendo una "adolescente" y en cierta manera gracias al apoyo cómplice del dinero aún lo conseguía.

Cesar Ararte se sentó como siempre en su sillón preferido frente a la chimenea y comenzó a leer el diario y a mirar un noticiario aún mismo tiempo. A los pocos minutos Sofía, la mucama le trajo té con tostadas y jalea de pomelo que era su mermelada preferida. Sofía era una mujer poco afecta a los comentarios, lo más que hacía era responder utilizando las mínimas palabras.

-¿Sabe donde está la Sra.? Preguntó el dueño de casa.

- Tenía hora en la peluquería Dr., le contestó mientras se retiraba…

Media hora mas tarde llegaba su esposa envuelta en su nuevo abrigo de piel. Como de costumbre rodeó el cuello de su marido y lo besó repetidas veces en el cuello y en la mejilla, pero en esta oportunidad, más efusivamente que en otras, luego besó a Velazco y a Ernesto en la cabeza, mientras César, sobre sus medios lentes miraba al descuido.

- Estoy tan contenta, Gonzalo y Rodrigo bajen, tengo una gran sorpresa para todos.

Ante la insistencia de la madre los más chicos bajaron protestando, estaban mirando una película y la noticia de la sorpresa de Diana no les atraía en absoluto.

Una vez todos reunidos, Diana apoyó los codos en él respaldo del sillón de su esposo y posando las manos sobre los hombros de este les habló:

- No sé como decirles, pero tengo que hacerlo; ¡ niños les va a llegar un hermanito!

Diana no lo percibió, pero su marido se estremeció, ella volvió a besarlo pero él sintió como si aquel beso quemase la mejilla. Instintivamente sus ojos se posaron por algunos segundos en Ernesto, mientras el volcán de las dudas se desataba en sus pensamientos.

Esa noche pensó en la rápida transformación del niño al hombre y sobre todo recordó viejas historias de mujeres adultas sucumbiendo ante él encanto de un jovencito.

Ernesto con sus 19 años era alto y apuesto, tenía un candor natural que atraía, una cautivante sonrisa blanca y una mirada inocente en sus ojos azules.

¡ César Arrarte se convenció que la criatura que iba a nacer seria rubia y de ojos azules igual que Ernesto!

Maldijo aquel anónimo, si aquella inmunda hoja no le hubiese advertido él seguiría siendo un hombre feliz. La ignorancia suele en algunos casos dar mayor felicidad que el conocimiento, en su caso ahora podría estar durmiendo como el más logrado de los hombres, creyéndose padre no solo de cuatro hijos, sino de cinco porque a Ernesto también lo quería como tal.

¿Y que importaba para su felicidad, el engaño y la paternidad si él lo ignorase?

En su corazón había lugar para todos …

Porque él no podría ser como tantos hombres que adoran a sus esposas aunque sus hijos fueran de su mejor amigo, del vecino más próximo o del compañero de oficina.

Ignorándolo todo no habría heridas, ni rencores, ni dolor, pero aquel sucio papel le había envenenado el alma…

En su insomnio, pensaba que él debería haber previsto aquello, como le fue posible no pensar que la convivencia con un joven y apuesto Apolo excitaría los sentidos de una mujer coqueta, joven y seductora como la suya.

Ah madre; sí tendrías razón cuando dijiste aquellas palabras suspiraba para sus adentros. ¿ Pero que diablos estaban pensando si Ernesto era un niño?...

¡Oh quizá! lo habría sido hasta hacía muy poco...

Esa noche todo pinares dormía en silencio, mientras dentro de su cabeza las dudas gritaban con estruendo.

Primeramente pensó en el procedimiento rutinario con que siempre aconsejaba a sus clientes para casos similares, reunir testigos, un brillante in fraganti delito, asegurar la tenencia de los hijos y la seguridad de sus bienes.

Pero las mujeres despechadas suelen ser muy pérfidas, recordó un caso donde la esposa infiel, muy suelta de cuerpo había declarado que la impotencia de su marido la había obligado a buscar en otro hombre lo que su esposo "ya" no podía proporcionarle.

Conocía muy bien a Diana y a su madre y sabía hasta que extremos eran capaces de llegar cuando se sentían atacadas.

Recordó la cara de sus colegas del Colegio de Abogados si se realizase una afirmación similar e imaginó los comentarios y los mohines y guiños disimulados que tendría que soportar y se convenció que eso era mucho, pero mucho más de lo que él podría soportar.

Pensó en ser cruel y despiadado; sería fácil apretar el cuello de Diana que dormía a su lado, pero ya no era un adolescente estúpido e irracional que llevado por los celos puede llegar al odio y al asesinato, tenía un prestigió que defender e hijos que proteger del escándalo, cincuenta y ocho " primaveras " deben servirte para algo se decía a sí mismo.

También dudaba si podría prescindir del hechizo fatal que su mujer le provocaba y hasta llegó a pensar que sería capaz de superar y olvidar aquella afrenta como tantos otros hombres lo hacen en la actualidad.

Había estudiado mucho psicología y sabía que la memoria es un testigo infiel y que en la búsqueda de la felicidad, el individuo termina excluyendo lo que le causa dolor y mantiene vivo lo que provoca placer y felicidad.

Después de tantas especulaciones, se preguntó si podría llegar a odiarlos y recordaron unos versos que alguna vez en su juventud había leído "Aquel que quiso nunca maldice lo que ayer besó, gime y se arrastra sin tomar venganza y muere en silencio como muero yo " pero comprendió que ese tampoco era su caso.

Impedido de dormir, trató de pensar fríamente y recordó que todos los lunes tenía reunión de directorio y regresaba tarde, Sofía se tomaba su día libre y no pernoctaba en la casa y los chicos tenían piscina.

Entonces todo se aclaró en su mente, los dueños del Chalet La Estrella, que fueran los antiguos empleadores de los padres de Ernesto y que solo ocupaban la lujosa residencia en los meses en el verano le habían pedido al muchacho que pernoctase en la mansión, con el fin de evitar robos…

Por lo que pensó que su adorada Diana regresaba de dejar los chicos en natación, estacionaba en él interior de La Estrella y allí …

...................................

Un viejo abogado penalista llega a conocer mucha gente... Recordó a un individuo que si él le pidiese que exterminase a un jardín de infantes lo haría sin el menor escrúpulo.

¿Pero que estás pensando César? Sé recriminaba a sí mismo, no puedes dejarte dominar por pensamientos tan malignos.

Sería posible que queriendo tanto a alguien estuviese pensando en... Pero aun, no se atrevía a pronunciar la palabra matar ni en lo más profundo y secreto de sus pensamientos.

De repente se dio cuenta: que la cultura vanguardia de muchos hombres de hoy que aceptan convivir con la infidelidad, no tenía lugar en sus principios ni en su ética.

Por instinto sabía que debía ser muy reservado, que no debía dejar traslucir sus pensamientos, sentía tan fuerte la certeza del engaño y frente a eso se dio cuenta que la muerte sería lo único que podría borrar aquel ultraje.

Sobornada totalmente su conciencia por el espectro sutil y sombrío de los celos decidió, que reprimirse y fingir sería lo mejor que podría comenzar haciendo.

Súbitamente la frustración se apoderó de él, todo aquello sería una antigualla, un crimen pasional como tantos y él, no era uno de tantos...

Pero una vez decidido en su mente la determinación de matar lo embargó una profunda tristeza y no supo contestarse si gozaría o sufriría más con aquella venganza porqué comprendía que sentiría ambas cosas al mismo tiempo.

El amanecer lo encontró despierto, ebrio de celos y sujeto a los terribles grilletes de su cultura y de su instinto.

……………………

El hombre rió.

- ¿ y solo eso es lo que debo hacer Dr.?

- Si solo eso, pero debe hacerlo cuidando todos los detalles, nada puede fallar, entonces le entregó el aviso de los clasificados de un diario.

" Duerma tranquilo, su dogo le garantiza su protección, sereno silencioso e insobornable aleccionado para degollar de una dentellada a ladrones y maleantes y para usted manso como un perrito faldero, adiestrado por profesional experto: Tratar en PASCUALINO HIPOLITO 1625 "

La abultada suma dejó muy contento al hombre que se retiró después de saludar al Dr. Arrarte efusivamente.

- Acuérdese le dijo este, siga al pie de la letra todas las instrucciones, no olvide de nada.

Cuando llegó a la oficina Olga su Secretaria más eficiente lo estaba esperando, tenía asuntos urgentes que despachar …

- Si Olga eso puede esperar, pero lo que tengo que decirle no, tiene que organizar una fiesta, voy a ser padre por cuarta vez, haga una lista de parientes, amigos, colegas, consulte a Diana, contrate el mejor servicio, quiero algo grande, él motivo lo vale, él Dr. Arrarte reía y su Sria. Comenzó a reír al unísono.

-¿Para que día lo quiere Dr.?

- Para este sábado no hay suficiente tiempo, déjelo para el próximo sábado, pero comience a hacer las invitaciones desde hoy, delegue a las demás todo lo que tenga, él teléfono es suyo, no olvide a nadie.

Lunes 16 de julio- hora 20...

.............................

El auto de Diana está estacionado en el interior del Chalet La Estrella, cuando en el recodo más oscuro del parque un débil aullido de un feroz dogo argentino se escuchó por última vez. Un dardo tranquilizante lo dejó tendido en el suelo, luego la figura veloz de un hombre lo carga, lo introduce en la parte trasera de su auto y desciende con otro dogo igual al que ata con el collar del anterior, lo palmea y le dice ¡ Cumple con tu misión! Para retirarse presuroso del lugar...

Minutos más tarde en plena reunión de Directorio el Dr. Arrarte recibe una llamada telefónica, sólo escucha una voz que dice: - Todo listo, para cortarse de inmediato.

Recién entonces el Dr. . Arrarte habla en voz alta.

- Por nada del mundo permitas que Ernesto vaya, esos dogos son locos y peligrosos, haces pausas y prosigue, le ladrara a algún gato o a alguna comadreja, hace otro silencio y continúa; no se muevan de casa hasta que yo llegue; en hora y media estoy por ahí, un beso y colgó…

Los presentes comenzaron con sus bromas sobre la vigencia del Dr. Arrarte.

- Las mujeres en su estado se ponen nerviosas, se asustan de todo.

Otro de ellos comenzó a señalar el riesgo que significa tener a un animal de esos y comentó casos en que habían atacado fieramente y sin ningún motivo aun a sus propios dueños.

El Dr. Mussio comentó que le habían querido regalar un cachorro de dogo, pero que él se negó por miedo que atacara a sus hijos, ¡con un dogo o un doberman en la casa nadie está seguro!

- Prosigamos con el tema; dijo el Dr. Arrarte, prometí llegar temprano.

Hora 23... El Dr. Arrarte llega a su casa, el silencio que reina es indicio de que todo había salido tal cual se había planificado, revólver en mano se dirige cruzando el parque al chalet La Estrella, a esa hora la soledad del lugar es absoluta, de lejos, ya observa al inmenso dogo con las fauces ensangrentadas jugando con los cadáveres como si fueran muñecos de trapo …

Ahora fiera y hombre marchan al encuentro, el Dr. Arrarte espera estar lo suficientemente cerca como para no errar un solo tiro, recién en aquel momento suena un disparo y otro y otro y el inmenso dogo agoniza retorciéndose en el césped.

Luego llega hasta donde están los destrozados cuerpos.

EL aviso del diario era incuestionable, los cadáveres de Diana y de Ernesto estaban terriblemente desollados a dentelladas con una furia monstruosa, la puerta estaba abierta, entró, echó un vistazo al cuarto de Ernesto y comprobó que todo estaba en perfecto orden, recién en aquel instante llamó a la Policía.

Cuando ésta llegó, encontró a un hombre vencido, que con los ojos borrosos contemplaba el dantesco paisaje, un escalofrío otoñal recorría su alma, una muerte previa se había posesionado de él.

Jamás volvería a ser suya la tersura exquisita de la piel de Diana, ni la magia de su perenne primavera, ni el canto de su risa, ni la celeste e inocente mirada de Ernesto, ni su amplia y agradecida sonrisa.

Siempre había sido un poco cargado de hombros, pero en aquel momento la postura se le había transformado en una joroba…

Tarde se había dado cuenta que al vengar su dignidad ultrajada, había roto el encanto y el hechizo de su vida.

Recién entonces comenzó a comprender la Filosofía de Vanguardia de ciertos individuos de hoy que aceptan convivir con la infidelidad, con tal de conservar lo que más quieren; aunque tuvieran que compartirlo...

Las horas se deslizaban con lentitud … apenas amanecía pero había apretado ya centenares de manos. Había recibido centenares de abrazos y había escuchado demasiadas condolencias, cuando acompañado por varios familiares, salió de la funeraria.

Aspiró profundamente…. Las últimas estrellas se desvanecían en aquel crepúsculo gris, más gris que ningún otro, pero sus estrellas, dos de sus estrellas preferidas habían dejado de brillar.

Recién en ese momento, se dio cuenta, que su cielo, su pedazo de cielo se había caído y bajando los ojos miró las canaletas grises y sucias de la vereda y vio su cara, el rostro de un hombre acabado reflejado en ellas.

El recuerdo de su madre regresó un instante a su mente, fue en ese momento que labios abajo se dijo: "Mamá se te olvidó decirme que los hombres viejos que se casan con jovencitas suelen también transformarse en asesinos "

- Decías algo Cesar, le preguntó Jorge su hermano menor…

- Sí …¡ Dogo asesino, maldito dogo!

 

 
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